La vida eterna con Jesús

Y el polvo vuelva a la tierra… y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.
(Jesús dijo:) De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
Porque yo vivo, vosotros también viviréis.
Admítalo o no, todo ser humano se preocupa por lo que sucede después de la muerte. ¿Qué pasará conmigo después de mi muerte? No debemos eludir esta pregunta.
¿Y qué pasa después? La biblia lo muestra por medio de una parábola (Lucas 16:19-31). Si en su vida en la tierra la persona creyó en Jesucristo y lo aceptó como su Salvador, está con Jesús en un lugar de reposo, pero si lo rechazó, está lejos de él. Nada, ni siquiera las oraciones, puede cambiar el estado del que ha muerto. Está en el más allá, y ya no tenemos contacto con él, ni él con nosotros.
Tenemos un cuerpo, pero también tenemos un alma. Nuestro cuerpo es la parte material de nuestro ser, y nuestra alma es la parte inmaterial. La muerte de nuestro cuerpo constituye un puente entre la vida terrenal y el más allá.
Durante nuestra vida en la tierra, Dios nos invita a aceptar la salvación que él ofrece a todo ser humano por medio de Jesucristo. Él no obliga a nadie, pero nos invita a hacer esta elección. Cuando Jesús estaba en cruz, junto a él también había un criminal quien, antes de morir, reconoció que Jesús era el Hijo de Dios, y por fe le suplicó: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:42-43). No dijo: «en la resurrección de los muertos», o «en el juicio final», sino “hoy”. Cuando cerremos los ojos por última vez aquí en la tierra, será para abrirlos inmediatamente en el más allá. En su propio caso, ¿los abrirá cerca de Jesús, o lejos de él?
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