La felicidad eterna

Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.

Gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.

El 15 de julio de 2018 Francia fue campeona mundial de fútbol. Al día siguiente un periódico deportivo publicó este titular: «Una felicidad eterna». El júbilo popular acompañó esta victoria… Miles de personas salieron a las calles para aclamar a sus héroes.

Se puede sentir una gran emoción viendo a su equipo favorito ganar un partido. Son acontecimientos excepcionales, que podemos recordar. Pero para muchas personas, estos hechos no tienen ninguna relación con su vida cotidiana, con sus preocupaciones, sus penas, sus alegrías…

Son alegrías superficiales, que incluso pueden enmascarar una profunda tristeza: “Aun en la risa tendrá dolor el corazón; y el término de la alegría es congoja”, o angustia (Proverbios 14:13). También son alegrías egoístas, en la medida en que solo las comparten los ganadores, que olvidan la decepción y la frustración de los perdedores. Por último, lejos de dar “felicidad eterna”, estas alegrías son efímeras y se desvanecen con el tiempo, como muchos gozos terrenales.

Dios nos ofrece un gozo diferente, menos visible, menos exuberante, pero más profundo, vivido en paz. ¡Este gozo halla su fuente en él! Él es el Dios de paz, el Dios bendito. Dios da esta dulce felicidad a aquel “cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos” (Romanos 4:7). Jesús sufrió el castigo que merecían nuestras iniquidades, y da la vida eterna a todo el que cree en Él. Esta vida eterna llena el corazón del creyente de gozo eterno.

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