Hablaba del templo de su cuerpo

Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo.

Jesús acababa de expulsar del templo de Jerusalén a los mercaderes de animales y a los cambistas. Los judíos, disgustados, le pidieron que les mostrara una señal que legitimara su acción. Jesús les dio esta sorprendente respuesta: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”. El evangelista explica que Jesús “hablaba del templo de su cuerpo”. Esta palabra profética anunciaba su muerte y resurrección. “Cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho” (Juan 2:22).

Jesús dirige nuestra mirada más allá de los edificios religiosos. Porque “el Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas” (Hechos 17:24). Pero Dios vino a habitar en medio de la humanidad en Jesús, su Hijo, quien tomó un cuerpo semejante al nuestro. Él es el verdadero templo de Dios. “En él (Cristo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9).

Así entendemos su respuesta: en efecto, ¿podría presentar un milagro más grande que su resurrección de entre los muertos? La muerte es la gran y angustiosa cuestión que se plantea ante todo hombre. ¡Pero la resurrección de Jesús es la respuesta a este problema, y es la prueba suprema de su autoridad!

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