El Príncipe de la vida

Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

Dios, nuestro Dios ha de salvarnos, y del Señor es el librar de la muerte.

Los evangelios relatan tres ocasiones en las que Jesús resucitó a un muerto. Estas escenas demuestran que Jesús es el “Hijo de Dios con poder” (Romanos 1:4), y que tiene autoridad para decir: “Todo aquel que ve al Hijo, y cree en él”, tiene “vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:40).

– Jairo, un principal de la sinagoga, rogó a Jesús que fuese a su casa y sanase a su hija moribunda. Pero antes de que el Señor llegara a la casa, alguien comunicó a Jairo que su hija había muerto, que ya era demasiado tarde. Jesús lo consoló y lo animó a creer: “No temas; cree solamente, y será salva” (Lucas 8:50), luego fue y resucitó a la niña.

– En otra ocasión, acompañado por sus discípulos y una gran multitud, Jesús se encontró con un cortejo fúnebre: una viuda iba a sepultar a su único hijo. Jesús, sensible al dolor de esta madre, “se compadeció de ella, y le dijo: No llores” (Lucas 7:13). Entonces resucitó al muerto, le ordenó levantarse y lo devolvió a su madre.

– Marta y María enviaron a decir a Jesús que su hermano Lázaro estaba enfermo. Jesús esperó dos días, y llegó cuando Lázaro ya estaba en la tumba. Su perfecta sensibilidad al dolor humano se expresó mediante este gesto: “Jesús lloró” (Juan 11:35). ¡Y luego lo resucitó!

La simpatía del Señor sigue siendo la misma hoy, pues él mismo resucitó y fue llevado al cielo. Él quiere consolarnos en todas nuestras penas, especialmente dándonos la certeza de la próxima resurrección de todos los hijos de Dios.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a El Príncipe de la vida puedes visitar la categoría Devocional Diario.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir