La amargura (4)

Vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.
Mirad bien, no sea que… brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.
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¿Estamos afligidos y llenos de amargura debido a las adversidades de la vida? Un duelo, una enfermedad incurable, una separación, la incomprensión de los demás… Nos parece inexplicable, o incluso injusto, y la amargura nos invade: «¿Por qué yo?». Si las albergamos, estas raíces “de amargura” pueden causar daños, como nos advierte la biblia. ¡Eliminemos estas ideas antes de que echen raíces y den malos frutos!
La gracia de Dios ha sido el recurso para todos los creyentes en el pasado, y también es nuestro recurso hoy. Quizá tenemos amarguras secretas, como dijo Salomón: “El corazón conoce la amargura de su alma” (Proverbios 14:10). Mantengamos nuestra mirada puesta en Dios. Solo él puede aliviarnos, calmar las tormentas, aplacar las dudas y la rebeldía, ¡y liberarnos a su debido tiempo!
(fin)
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