No dejemos de lado las cosas sencillas (3)

Dios es amor… En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo.

La persona de Jesucristo

Para que el hombre tal como es pueda entrar en relación con su Creador, Dios se hizo hombre en Jesucristo. Perfectamente Dios y perfectamente hombre, Jesús fue en esta tierra lo que cada uno de nosotros debería ser: una persona apegada a Dios, obediente, apartada del pecado, que solo hace el bien.

La obra de Jesucristo

Su perfección, insoportable para sus contemporáneos, provocó su rechazo: fue condenado a muerte en una cruz. Pero esta perfección absoluta lo habilitó para pagar ante Dios la inmensa deuda del pecado del mundo. Puesto en una cruz, entre el cielo y la tierra, fue rechazado por los hombres a quienes vino a salvar, y abandonado por el Dios cuya voluntad siempre había hecho. Sin embargo, satisfecha la justicia de Dios y aplacada su ira contra el pecado, Dios resucitó a Jesús y lo sentó a su diestra, estableciéndolo como “Juez de vivos y muertos”.

Jesucristo nos salva

Si Dios, quien es luz, solo fuera un juez perfecto e inflexible, no tendríamos mucha esperanza de salvarnos… La biblia incluso nos dice que no tendríamos ninguna.

Pero Dios es el Dios de los milagros: lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios. Con base en la obra de Jesucristo en la cruz, Dios concede el perdón a todo el que se reconoce culpable y cree en su Hijo.

(continuará el próximo sábado)

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