Cada uno toca su partitura

Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.
Esa tarde, parte de nuestro conjunto musical ensayaba una nueva partitura. Seguimos al director de orquesta lo mejor que pudimos, intentando contar los tiempos para tocar en el momento adecuado. Cada uno debía seguir al director, «ceñirse» a la partitura y trabajar hasta el momento en que todos tocáramos juntos.
Esto me recordó lo siguiente: de alguna manera, cada cristiano recibió de Dios un llamado, un servicio. Ceñirse a la «partitura» es ser fiel a la Palabra de Dios. Cada uno es invitado a ocupar, sin distraerse, su lugar en torno al director de la orquesta, el Señor Jesús. Sea que su voz celebre con entusiasmo la gloria del Dios de gracia, que susurre suavemente la fe que atraviesa la prueba con paciencia, que calle para compadecerse del prójimo que sufre, o que cante el himno de la esperanza, el cristiano debe seguir al Director que le indica el tiempo, el ritmo.
Tal vez se sienta un «músico solitario», el único cristiano de su entorno. No se desanime, siga al Director y toque su «voz» lo mejor que pueda, manteniéndose cerca del mensaje divino: ame, perdone, bendiga, sirva a Dios y al prójimo, sin cansarse. ¡Otros se unirán a usted pronto! Y un día estaremos todos juntos en el «concierto» eterno, para la gloria de Dios.
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